Liderazgo: Buscar el Camino para Alcanzar la Visión

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Siempre me he preguntado ¿Hay camino para la visión? y siempre me vienen a la mente los versos de Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

En la práctica del llamado esquí salvaje ( traducción literal del ski sauvage francés que se diferencia del esquí fuera pista (hors piste) en que al no existir pista no se puede esquiar fuera de ella, es decir, el ámbito de esquí es toda la montaña) hay una máxima que es la siguiente: para alcanzar tu objetivo global, por ejemplo descender una montaña, tu debes ir avanzando el camino por partes y las partes se construyen con la visión, es decir, para ir de un punto a otro la referencia es siempre visual, nunca vas a un punto que no ves. El motivo de avanzar así es el siguiente, cuando prácticas esta modalidad de esquí desconoces el terreno y puedes encontrarte obstáculos que están escondidos en la nieve por lo cual el cuerpo debe estar preparado para poder sortear y adaptarse a cualquier dificultad. Para asegurar esto el cuerpo debe mantenerse erguido a la vez que flexible y esto solo se consigue si se encuentra “seguro” y esta seguridad se consigue cuando el cuerpo tiene puntos de referencia visuales.

La misma estrategia es la que podemos utilizar en la empresa. Para avanzar y conseguir el objetivo es importante que toda la organización emprenda el camino, pero para ello las personas deben salir de su zona de confort, el actual espacio conocido. Dentro de las organizaciones hay personas que están deseando emprender el camino pero hay también muchas que tienen miedo,  que no saben donde van o no consiguen visualizar el camino, lo ven largo, complicado, que les costará un gran esfuerzo y no perciben los beneficios que van a obtener

Igual que sucede en el ski sauvage practicado en grupo, la fuerza del equipo viene siempre determinada por la fuerza del miembro más débil, por ello es imprescindible asegurar que cada persona del equipo aporta lo máximo, conoce el camino y sabe donde se dirige.

El líder debe organizar este camino por partes, asegurando que cada una de las personas de la organización conoce la Visión y reconoce cual es la parte del camino que se está ahora recorriendo, cual es el beneficio que se va a obtener, porqué se recorre este camino y no otro, cual ha sido el punto de partida y cuál es el punto hacia donde se dirigen. El punto debe ser visible, es decir fácilmente reconocible por todos los miembros para asegurar la consecución del objetivo.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar” A. Machado

La Autonomía Personal como Competencia Básica en la empresa del Siglo XXI

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Cuando pregunto a los participantes a mis talleres que cosas les gustaría mejorar si tuvieran una varita mágica, las respuestas más frecuentes son: reducir el stress, tener mayor capacidad de resilencia, gestionar mejor su tiempo y sentirse más motivados. En la mayoría de los casos responsabilizan de ello a los clientes y/o a la empresa.

Cuando pregunto a las organizaciones que les gustaría que sus empleados tuvieran más, la mayoría coincide con: que no se les tenga que repetir las cosas, que tuvieran mayor Proactividad e Iniciativa y mayor grado de Creatividad e Innovación. En la mayoría de los casos responsabilizan de ello a los propios empleados.

Hay una Competencia que engloba las necesidades de ambos: la Autonomía Personal. Empleados con mayor grado de autonomía son capaces de decidir por sí mismos, siguiendo las directrices de la empresa, sin necesidad que nadie les marque el camino diario. La autonomía permite a las personas actuar y por tanto las convierte en protagonistas.

Si bien la autonomía es una de las competencias básicas que se contemplan en todos los sistemas educativos europeos, cuando llega al mundo de la empresa ya no está tan clara su importancia, real, como Competencia Básica.

Por un lado la Autonomía necesita de responsabilidad, de ser responsable de las cosas que individualmente desarrollemos, y en la mayoría de los casos la responsabilidad es una de las carencias más importantes en el mundo de la empresa. En unos casos por que camuflados con el factor grupo, al final los éxitos y los fracasos son de todos, y en otros casos debido a que las empresas valoran bien los éxitos pero muy mal los fracasos. Por ello los empleados, ante el riesgo de poder equivocarse y no sentirse respaldos ante el fracaso, prefieren no tener autonomía y seguir las directrices que se les marquen. Si queremos empleados con Autonomía vamos a tener que dársela y ser conscientes y responsables, como empresa, que esto conlleva un riesgo que debemos asumir.

A las empresas les gustaría tener empleados con mayor grado de Autonomía, pero frecuentemente confunden autonomía con que el empleado haga lo que yo le digo sin necesidad de repetírselo, y esto no es autonomía, esto es seguir las ordenes. Las empresas deben ser conscientes de tres cosas:

  • Para tener empleados que actúen de forma autónoma se debe practicar la autonomía en la empresa.
  • La aportación de los empleados a la empresa debe medirse en el largo plazo, fruto de la suma neta de éxitos y fracasos.
  • Se debe dotar a los empleados de las herramientas necesarias que les permita ser autónomos.

¿Cuáles son los beneficios de tener empleados con mayor grado de autonomía?

Beneficios para la empresa:

  • No necesita ejercer un control sobre el empleado, el seguimiento se hace sobre los objetivos.
  • No se pierden oportunidades, los empleados autónomos arriesgan más y tienen mayor éxito.
  • Las ideas que se ponen en marcha están más contrastadas debido a que mayor número de empleados participan en ellas con responsabilidad.
  • Mayor rapidez en la toma de decisiones, ya que muchas de ellas las toman los empleados directamente.

Beneficios para los empleados:

  • Sus ideas son escuchadas y practicadas por ellos mismos. Todas las personas actúan con más ganas cuando las ideas son suyas.
  • Mayor grado de pertenencia.
  • Mayor grado de conciencia del riesgo de según qué prácticas, por lo que se preparan mejor, o piden ayuda, para minimizar el potencial fracaso (ya que el fracaso es percibido como suyo).

Para que la Competencia de la Autonomía se implante en las empresas y los empleados la practiquen, ambas partes deben tomar conciencia de la adquisición y la aplicación de un conjunto de valores y actitudes interrelacionadas entre si como son la responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la autocrítica, el control emocional, la capacidad de tomar decisiones, saber afrontar el riesgo y la capacidad de aprender de los errores.